Pedazos de nuestro pueblo, pedazos de nosotros mismos. Adéntrate en este blog y descubre trocitos singulares de nuestro presente y de nuestros antepasados. Espero que te guste y espero tus comentarios al final de los artículos.
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jueves, 8 de agosto de 2013

LA COCINA MANCHEGA

En nuestro pueblo, al igual que en toda la Mancha, la casa manchega tenía un corazón. Según el libro, "Los pueblos más bellos de España", de la editorial Readers Digest, 1983,

Cocina típica manchega del museo de Hoya Gonzalo, en Albacete
La casa manchega surge en torno a las actividades agropecuarias y está condicionada por el clima seco de la Meseta, por los materiales de que dispone y, lógicamente, por las ordenanzas municipales. La parte destinada a vivienda vierte a la calle anterior o principal y a un patio interior punto central de estas construcciones. Este patio se encuentra cerrado, en la parte posterior, por un cuerpo de dependencias para almacenamiento de productos del campo, aperos de labranza y cuadra; a su vez se abre a otro patio de mayores dimensiones o corral, que dispone de entrada independiente por la calle trasera a través de un gran portalón.

Casa de Alonso Quijada de Salazar, personaje real sobre el que se inspiró Don Quijote de la Mancha.Puerta falsa, por donde la fantasía quire hacer salir a Don Quijote sobre Ronicante.


La cocina era el lugar donde se hacía vida: donde se cocinaba, se comía, se charlaba, se hablaba del tiempo en el campo, se contaban historias al orete de la lumbre, en definitiva, era el corazón de la casa. Hoy en día, la cocina se ha reducido al espacio para cocinar. En algunas casas, aún hoy se come en la cocina, pero su mudo testigo de conocedora de todo lo que pasaba en la casa lo ha cedido al moderno salón-comedor.

Normalmente, uno de los elementos que existía en cualquier cocina que se preciara era el fogón, donde se echaba la lumbre. Este fogón estaba en una esquina o rincón, y su chimenea era protagonista de toda la sala. Los inviernos crudos se hacían orilla de esa lumbre primigenia que ayudaba a sobrellevar los inviernos. Uno de los artefactos más codiciados en esa época eran los llamados calentadores, una especie de sartén que se llenaba de ascuas y servía para calentar las gélidas camas o jergones del invierno.


En esa lumbre, que se echaba todos los días siempre había un cubo de agua que se dejaba en su orilla para que nunca faltara agua caliente. El agua, por supuesto, se sacaba en muchos casos del pozo que existía en el patio, aunque había familias, quizá las más humildes, que tenían que hacer uso del pozo que existía en las dos plazas principales de nuestro pueblo, la Plaza Mayor en el barrio de abajo y la Plaza de Castilla, en el barrio de Arriba.

No existía otra forma de dar calor. Eran muy pocas las casas que contaban en ese entonces con una estufa de leña en otras habitaciones que servía como calefacción en el crudo invierno. En esa lumbre se cocinaba o se guisaba cualquier plato: no era de extrañar que en ese momento existieran elementos que han ido quedando en desuso y que sirven para adornar alguna casa moderna: trébedes, sartenes y cazos con patas, pucheros, etc...

Todos los días se echaba la lumbre; con un tocón de oliva o de carrasca y encima de ella una gavilla de sarmientos, unas cepas o unos palos de zumaque ya estaba la lumbre hecha. Y no era de extrañar que a mediodía, cuando cualquiera pasaba a la casa, un olorcillo agradable viniera de la cocina. No es menester recordar toda la cocina manchega en su extensión, pero sí podemos hablar de los guisados, los cocidos, los potajes, los caldos, las gachas, las migas ruleras, los atascaburras, etc...

En un lugar privilegiado estaba la mesa, donde todos comían. Por supuesto, todo el mundo comía en la misma fuente o sartén. Se apartaba de la lumbre, se ponía en un lugar privilegiado y toda la familia, en corro, como ahora podemos hacerlo en el campo, comían lo que hubiera. En muchos casos, el hambre hizo a nuestros antepasados preparar guisos en base a las hierbas que había en el campo: no es de extrañar guisos a base de espárragos, collejas, cardos de todo tipo, y otras más que venían de la época de escasez que se padecía a lo largo de la historia. De hecho, no es de extrañar que en muchas cocinas, cuando se entraba se viera colgadas de las vigas del techo uvas, melones, picantes, ajos, tomates, chorizos, morcillas, jamones, etc...
Antiguamente, en las vigas o en unas varas a lo largo de la cocina se colgaban frutas o carnes. http://www.deorgaz.es/articulo-quesomanchego.html

No olvidemos tampoco la despensa como parte fundamental de la cocina, donde se guardaba el ajuar de toda novia cuando se casaba: sartenes, pucheros, perolas, cestas, cazos, y también elementos como el tocino, la cesta del pan, etc...  La despensa tenía la función de guardar cacharros más grandes: la alcuza del aceite o del vino, las perolas más grandes, etc...Tampoco podemos olvidarnos de la alacena, que era una especie de armario que estaba situado en la cocina, y empotrado a cualquiera de las paredes. En ella se guardaban los utensilios propios de la cocina para cocinar como podrían ser los cucharones, los platos, los vasos, las tazas, los cazos. Quizá lo que estuviera más a mano o tuviera más uso. Según la wikipedia, la alacena 
Alacena manchega

Las alacenas comenzaron colocándose en los comedores por su proximidad a la mesa en la que se realizaban las principales comidas. Los manteles, platos y cubiertos se sacaban del mueble antes de servir la mesa y se colocaban directamente sobre la misma. A partir del siglo XVIII, pasaron a formar parte de la decoración de la cocina en donde se siguen encontrando actualmente.
También, en cualquier cocina manchega que se precie estaba la banca, donde principalmente los mayores de la casa se echaban una cabezada al terminar de comer. Ahora nuestros mayores usan las butacas o sofás del salón-comedor, pero antiguamente la banca, cubierta de mantas o almohadones hacía las veces de cama, orilla de la lumbre.

La cocina, en definitiva, era el corazón de la casa. En ella se hablaba, se reía, se contaban historias a los más pequeños, se hablaba del tiempo agrícola, de las dificultades para llegar a fin de mes, en definitiva, se vivía. Según el libro de "Tradiciones y costumbres de Casas de Benítez" de Pascual Martínez Martínez, editado por el Excmo. Ayuntamiento de Casas de Benítez, Albacete, 1996:

"La vida de nuestros abuelos discurría más lenta, su mundo quedaba reducido a su casa, al campo, al pueblo y nada más, nadie leía un periódico, ni tampoco sabía lo que pasaba fuera de su pueblo; hablaban, comentaban sobre cosas juntos al fuego"

La cocina manchega forma parte de nosotros mismos. Todos, en mayor o menor medida, procedemos de aquellos antepasados que utilizaban esta habitación de la casa para hacer "vida". En ella se han contado historias, se ha enseñado a rezar, se ha educado a los niños, se ha jugado, se ha reído, se ha llorado la pérdida de una madre o un padre, se ha cocinado, se ha comido, se ha visto dormir al abuelo. La cocina manchega es el corazón de las casas manchegas, y pensando un poco en nosotros mismos, entenderíamos que muchas de nuestras vivencias se desarrollan también en la cocina, como reminiscencia de nuestros antepasados. 








miércoles, 8 de mayo de 2013

LAS COLLEJAS

Denominada por los científicos silene vulgaris, la colleja desde siempre ha estado relacionada con nuestra historia y nuestro acervo popular. Ingrediente en muchos guisos y muchas cocinas, especialmente pobre, de todas las épocas, esta planta íntimamente relacionada con nuestro pueblo, cobra especial protagonismo en los días de primavera, especialmente en marzo y abril en la que se yergue en las orillas de los caminos y terrenos baldíos y de labor.

Esta planta, considerada por muchos como una singular verdura, ha protagonizado en no pocas casas de nuestro pueblo diversos guisos, potajes y tortillas. ¿Quién no recuerda aquella tortilla de collejas que hacía su abuela? ¿Quién no recuerda de pequeño esta planta -o verdura- en los potajes y rellenos?

La Silene Vulgaris, o colleja, pertenece a la familia de las caryophyllaceae. Es una planta vivaz, que crece en las orillas de los caminos, pero también en campos de labor y más a menudos en campos de añojal al abrigo de otras malas hierbas. Es considerada por muchos como una buena verdura y así lo atestigua el protagonismo que, desde tiempo inmemorial, han tenido en la cocina de nuestros antepasados. Sus tallos verdes, vivaces, suelen crecer en primavera, especialmente durante los meses de marzo y abril. De hecho, un refrán popular dice que "las collejas de mayo, para mi caballo", en alusión clara a que conforme crece esta planta, se vuelve más dura y, por tanto, más difícil de comer.

La colleja puede alcanzar el metro de altura, aunque quizá las veremos en aproximadamente 10-20 cm de altura. Surgen especialmente en primavera, muriendo en verano o con la llegada del invierno. Normalmente forma colonias muy tupidas, debido a su raigambre que año a año se extiende. De hecho, si cortamos una colleja por la punta, nos encontraremos que ésta volverá a brotar en aproximadamente 15-20 días.


Según la wikipedia, la colleja sobrevive y se expande gracias a un denso sistema de estolones o tallos subterráneos que crece cada año, dando lugar a colonias densas de rosetas de hojas, de las que a mediados de la primavera emergen tallos portadores de flores con 5 pétalos blancos, parcialmente envueltos por un caliz en forma de saco. Las hojas basales son lanceoladas, glaucas -de color verde azulado-, de hasta 4-5 cm de longitud, algo crasas y de borde finamente serrado; las del tallo son más triangulares, menores, pero de textura similar. Los pétalos están divididos en dos lóbulos en su parte superior, por lo que pueden dar la apariencia de ser 10, en vez de 5. A partir de cada flor se forma un fruto en forma de cápsula, con forma de vasija, que aloja numerosas semillas oscuras y arriñonadas; las semillas están cubiertas de pequeños tubérculos, que facilitan su transporte por las mandíbulas de las hormigas.

El problema de la colleja es que se debe ir cortando las 4 ó 5 hojas de la parte superior, que son las más blandas y mejor comestibles, y esto requiere una labor de separación de una a una. Quizá por esa ardua labor, su consumo ha caído en desuso. Quizá el hecho de que sean más escasas, en mi opinión, viene por el uso de pesticidas en los terrenos de labor que hace que estas plantas crezcan cada vez menos.

En un interesante artículo, se habla de cómo se preparan las collejas para una tortilla y, evidentemente, podemos explicar la preparación para ofrecerlas en la cocina. Normalmente, no es necesario lavar las collejas y si se hace, no sólo como medida de higiene, se hace para ablandarlas aún más. Pero según la sabiduría popular, se solía lavarlas, escurrirlas y secarlas en una servilleta para que conservara todas sus propiedades, aunque más especiamente, sofreírlas poco.


Se lavan bien las hojas para quitar la tierra, a continuación se ponen a escurrir. Después se secan con una servilleta de papel para que no salten en la sartén al freírlas, luego se pone el perol a fuego lento con poco aceite y al mismo tiempo se cortan con unas tijeras para que se queden más menudas. Han de quedar poco fritas, mas bien jugosas, después se bate el huevo, se mezcla con las collejas ya fritas y se hace igual que una tortilla francesa.

No está de más ofrecer la visión que tienen en el vecino pueblo de El Pinarejo de la tortilla con collejas.





Los ingredientes: 

· collejas 
· huevos 
· ajo 
· patatas 
· aceite de oliva virgen extra 
· sal 
Preparación: 

1º Lavar muy bien 
2º Eliminan los tallos y hojas defectuosas. 
3º Freir unos ajos y unas patatas. 
4º Una vez dorados añadir las collejas, sal y saltear. 
5º Añadir un huevo batido con un poco de sal y dejar que cuaje. 
6ª Antes de servir, si gusta el vinagre, añadir unas gotas de vinagre. 



Es de agradecer que en este artículo nos incluyan una graciosa copla que en ese pueblo se recita a la recogida de collejas en general, con una referencia al doble sentido de colleja como planta, y colleja como capón o torta en la nuca.

Si collejas quieres comer 
en febrero o marzo debe de ser 
por eso pon especial atención 
no sea el caso que te den un capón.


Por si quedaba en duda lo saludable que puede ser esta planta, es interesante el artículo de la Verdad de Murcia, sobre las propiedades beneficiosas para la salud -anticancerígena, buena para el corazón por su alto contenido en beneficiosos elementos como el Omega 3-. Sin embargo, no es menos interesante la tesis defendida por Jesús Arriola, denominada "Estudio biológico y agronómico de silene vulgaris", en el que ofrece una interesante reflexión sobre el posible cultivo extensivo de esta planta dentro de la huerta española, gracias al poco aporte de agua que necesita y la poca necesidad de abonos o fertilizantes para su crecimiento. Es más, se llega a la conclusión que podría aprovecharse en tiempos de crisis, como ya antaño se hizo, animándose a las autoridades a hacer una publicidad sobre su consumo y a desarrollarse su comercialización como verdura de temporada muy beneficiosa para la salud.


Haremos referencia, por último, de nuevo a wikipedia, para referirnos a los nombres vernáculos que podemos encontrar de esta planta que se extiende a lo ancho y largo de toda la costa mediterránea española:

acoletas, alcadicea, alcaducea, alcanducea, alcandueca, alcoletas, ben blanco, berza, berzuela, blanca, botello, bragas de cuco, calzón de cuco, carnicuela, carnihuela, cascabelillo de Canarias, cebolla, churriana, cluxidera, cohetes, coleja, colejón, colellas, coleta, colleja, colleja común, colleja fina, colleja marina, collejas, collejas de España, collejas finas, collejicas finas, collejón, conehera, coneja, conejera, conejeras, conejina, conejinos, conejito de campo, conejuelas, coneles, conillets, cornagüela, cornahuela, cornihuela, cuetes, cunillos, estallaores, farifuelles, farolillos, guiso, hierba conejina, hierba de los truenos, manzana de cuco, manzanillón, petardos, pistones, polemonia, polemonio, raíz blanca, restallones, restallos, restralleta, restralletas, restrallete, restrallos, restrallón, roya, sanjuanines, santibañes, silena, tirabeques de la esperanza, tirapeoh, tiratiros, tracabols, trisco, triscos, truenos, verderuela
Angelina Fornes, en su blog culinario, nos ofrece una riquísima forma de prepararlas: cocinando un potaje de garbanzos, abadejo y collejas. Podéis también disfrutar de este reportaje de Paco Cinillas sobre la colleja, una verdura considerada de temporada