Pedazos de nuestro pueblo, pedazos de nosotros mismos. Adéntrate en este blog y descubre trocitos singulares de nuestro presente y de nuestros antepasados. Espero que te guste y espero tus comentarios al final de los artículos.
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martes, 16 de julio de 2013

EL MONUMENTO

Hoy hablaremos de una parcela de nosotros mismos encerrada bajo llave largos años. Hoy nos adentraremos en nosotros mismos para descubrir que nuestra cultura, nuestra esencia, nuestro acerbo siguen estando perennes en nosotros mismos, aunque no podamos verlos.


El monumento era un retablo que se exponía en Casas de Haro durante la Semana Santa, en la Iglesia de Santa María Magdalena, ubicada en el Barrio de Abajo. Era montado el Jueves Santo por la noche y retirado dos días después, como preludio a la celebración del Domingo de Resurrección. 


Este retablo ocupaba toda la parte frontal del altar de nuestra patrona, Santa María Magdalena, y se organizaba en distintos cuerpos y calles que giraban en torno a una escena de la Pasión de Nuestro Señor: Jesús Amarrado a la Columna, una suerte de Ecce Homo que a todos nos mira suplicante, interrogante, cual Padre y Señor nuestro.

Hace ya muchos años, tuve acceso a este retablo y pude comprobar in situ su estado de conservación. No es quizá el más óptimo y dadas sus condiciones, cuando quizá queramos hacer algo, será ya demasiado tarde.


Paseándome por la cara de Cristo Amarrado a la Columna, soportando ese olvido, soportando los tiros -que los tiene- de guerras civiles, y observando sus maravillosos detalles, no me queda otra cosa que sorprenderme ante tanta belleza encerrada. Esa escalera hacia el cielo, esa cruz desnuda, esos angelotes que salpican toda la escena, esas columnas y molduras que enmarcaban todo el monumento. Poco menos podemos palidecer ante tanto bueno que nuestros antepasados nos dejaron y que, sin embargo, ahora, yace olvidado en un rincón.

En este mundo en el que lo más intenso es el presente, no entiendo por qué nos desprendemos tan rápido de nuestro pasado. ¿Por qué no tenemos la posibilidad de sacar a la luz esos recuerdos, como quien desempolva un recuerdo de la niñez escondido en un baúl? ¿Por qué este Cristo amarrado a una columna custodiado por legionarios romanos, que mira suplicante, débil, apenado por el aquél de su destino no puede volver a salir a la luz y participar de pleno derecho como anteriormente lo hacía?

He asistido a lo largo de mi vida a algunas torpezas sobre nuestra historia: he podido leerlas, me han sido contadas, pero ser testigo in situ de tal desafección sólo me deja preguntarme el porqué de tanta desidia, y lo fácil que sería apelar a ese espíritu de unión que construyó el barrio del centro, no sin porblemas, no sin esfuerzo para desenterrar joyas como ésta. Pero ésa, queridos casasdehareños, es otra historia... quizá no ésta que estamos contando.





sábado, 1 de junio de 2013

IGLESIA DE SANTA MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA.

La mejor forma de acercarnos a nuestra Iglesia más reciente, y la que ahora utilizamos en todas las celebraciones religiosas es con el recogimiento y pureza propio de su blancura. Acercándonos más a su construcción, se inauguró en 1965, gracias al trabajo y ahínco de todos los vecinos.



Cuando hablamos del consenso de la Democracia en 1975, habría que preguntarle a los habitantes de Casas de Haro sobre el consenso entre sus habitantes para poder construir en pocos años tal cantidad de elementos comunes arquitectónicos, que supuso una revolución: un pueblo que estuvo dividido en varios barrios, equidistantes entre sí, consiguieron unirse, ofreciendo al visitante esa forma alargada tan característica.


Cuando hablamos de consenso, hablamos de Casas de Haro. La utilización de todos los medios al alcance de sus habitantes consiguió que en el devenir de diez años, Casas de Haro diera un salto cualitativo hacia delante: se construyó el Ensanche de la Avenida de España, en 1956; se construyó el nuevo Cementerio, advocado a San Antonio de Padua (1956), que dejaba inservible el anterior, denominándose Parque de los Mártires; se construyeron las escuelas, que ahora nos sirven como sede de Asociaciones y aulas de usos múltiples, en 1960; y, por supuesto, se construyó y consagró la Iglesia de Santa María, Madre de la Iglesia.

Su planta nos recuerda a un manto extendido, pero también a unos brazos abiertos. Indudablemente, el sentir fervoroso de un pueblo como el nuestro tuvo su consecuente continuación en una iglesia que no escapa a nuestros sentidos. En 2015 cumplirá sesenta años: y no se le ha rendido el sentido homenaje que un corazón que consiguió la unificación de nuestro pueblo debería tener. Sirva como argumento lógico el hecho que se haya convertido en el centro social y religioso de Casas de Haro. Muchas veces, estos dos términos chocan: en sus puertas confluían los pequeños y jóvenes para comer pipas, subirse a los dos abetos que se plantaron en sus puertas; hace unos años, también constituían un episodio que quizá no nos honraba, pues toda la juventud iba a sus puertas a beber el famoso "botellón"; pero también ha sido punto de encuentro y de salida de los patrones de nuestro pueblo; lugar donde se reciben los sacramentos: bautismo, comunión, penitencia, matrimonio, etc... 


Nuestros abuelos jamás se pudieron imaginar que con el devenir de los años todos nosotros tuviéramos un origen y un fallecimiento en un sitio tan blanco, que inspira tanta cercanía, que es, ante todo, característico, y cual molino blanco de don Quijote, yergue su enorme tamaño aquel campanario sobre los designios de un pueblo desde que se despierta hasta que duerme. Recuerden en Navidad aquella estrella de Belén que cuelga de aquel campanario o torre cuadrada, de reducido perímetro, con cuatro balcones volados a la altura de las campanas, situada en el ángulo suroeste. También pensemos en sus 80 metros de altura y 150 escalones para darnos cuenta de lo majestuosa que es nuestra iglesia en un pueblo tan humilde como el nuestro.


Dos majestuosos pilares junto con laterales de frente idéntico sostienen el intradós formando un alto pórtico que cobija una puerta adintelada. Muros de superficie lisa, ventanas cuadradas de laterales con arista viva sin resalte alguno. Los muros de cierre por los pies donde se encuentra la entrada descrita y el de la cabecera con una ligera curvatura, resultando el espacio interior de forma de manto desplegado. El testero de la cabecera de ladrillo visto; los restantes paramentos de enlucido de yeso.

El techo es plano; inclinado de planchas de vitrofil, apoyadas o en viguetas de hierro; el zócalo es de madera. El presbiterio está iluminado por un ventanal vertical de gran altura con vidriera artística moderna montada en cemento, así como todas las ventanas, y por la indirecta que firma vitral horizontal sobre la vida de hormigón del emboque del presbiterio.

Destaca un lienzo de gran dimensión en el que nos encontramos con el Cristo de Velázquez, en el muro central de la puerta de entrada o introito, majestuoso y, ante todo, cercano. En el muro central del presbiterio, un magnifico mural de teselas, al estilo romano, de 1993, diseñado e ideado por don Enrique Carracedo, en el que se representa la figura de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, con la imagen de la Virgen María.


También reseñaremos la imagen titular de esta Iglesia: la Virgen de Maglián, que procesiona el 15 de agosto, fecha de la Asunción, situada en la recientemente restaurada Capilla del Bautismo, en el año 2012.


Utilicemos nuestra mano para buscar el consenso, imaginándonos la cercanía de una iglesia que no ha perdido su interés, es más, lo va sumando. También imaginémonos en la cúspide de aquel campanario-torre, e imaginémonos a nuestros padres, tíos, abuelos, y bisabuelos subidos a la cúspide, disfrutando de una maravillosa vista de toda la Mancha, a la que pertenecemos desde siempre. Nunca dejemos de admirar monumentos como éste, que ha conseguido que podamos sentir más casasdehareños que nunca.

BIBLIOGRAFÍA. Díaz, Santos y Martínez, Anastasio. Catálogo Monumental de la Diócesis de Cuenca. Excma. Diputación Provincial de Cuenca.1987. VOL. I:  pág. 91

martes, 14 de mayo de 2013

SAN ISIDRO LABRADOR Y CASAS DE HARO

Mi nombre es Isidro de Merlo y Quintana. Vuesas mercedes quizá no me conozcan, puesto que nací hace muchos años en la villa y Real Corte de Madrid. Mi oficio es el de jornalero en las tierras del señor de Vargas. Mi mujer, María Toribia, me dio varios hijos y me ayudó en esta vida de oración y santa en Nuestro Señor, aunque sentí desde su más tierna infancia especial predilección por Iván, el pequeñico, o Illán, como ustedes lo conocerán. Mi vida fue la de ayudar al prójimo y el dedicarme a arar los campos. Después de casi 900 años, siguen venerándome en la Villa y Real Corte de Madrid, pero en todos los pueblos agrícolas, de aquesta, nuestra Nación, tienen una de mis muchas imágenes. Sepan ustedes que soy San Isidro Labrador, y protejo los campos y todo fruto agrícola que se precie. Estoy dispuesto a contarles lo que sucedió antaño, y haré un recorrido por mi humilde vida para su deleite y regocijo. En Casas de Haro tengo una imagen que sé de muy buena fuente veneran en la ermita de San Antón Abad, y también sé que todos los 15 de mayo, fecha de mi fallecimiento en el Señor, me sacan en procesión por sus campos. Por eso a este pueblo manchego, tengo predilección especial. Hogaño les contaré mi historia; sepan enmendar las faltas que en ella vieren, pero intentaré narrarles con esta pluma escogida ligeramente cómo fue mi vida y milagros.


San Isidro es el patrón de los campos en general, y de los labradores en particular. Desde antiguo se ha celebrado en nuestra población. Antiguamente, como ahora, se le sacaba en procesión por los campos. Sin embargo, en épocas antiguas, la imagen de San Isidro Labrador se encuentraba ubicada en la Iglesia de Santa María Magdalena.

Documentos del Socorro Rojo Internacional, de 1937, salvados del Archivo de Casas de Haro, nos hablan que el único lugar de culto que se salvó de los destrozos de la guerra fue la Ermita de San Antón. Y habría que entender que en esa ermita la única imagen que se halló fue la de San Antón.

Por tanto, la imagen de San Isidro se encontraba en la Iglesia del actual barrio de Abajo y servía al culto en su fecha onomástica, el 15 de mayo, fecha en que San Isidro murió a la no despreciable edad de 90 años, en 1130. Coincidía en el mes de las flores de mayo, y debemos imaginarnos lo emocionante que sería para los labradores encomendarse a su santo, ya sembradas las cosechas, ya podadas las vides. También es lógico imaginar que coincidiera las ofrendas a la Virgen con este santo tan particular en nuestro pueblo. Y es que nosotros somos amigos de las celebraciones, pero algo más espontáneas que las de los pueblos vecinos, que siempre han hecho fiesta la fecha.

Nació, según su biografía, en 1080, en el seno de una familia humilde, 


poco antes de la reconquista de Madrid, en una casa situada donde en la actualidad se halla la calle de las Aguas. Quedó huérfano muy pronto, así que el joven Isidro se buscó el sustento con trabajos como el de pocero hasta que finalmente se empleó como labrador.

Casado con María Toribia, más adelante Santa María de la Cabeza, natural de Uceda, tuvo como dote una heredad en dicha población, lo que les obligó a trasladarse a dicho pueblo para trabajar su tierra. Su único hijo, Juan o Iván -llamado por algunos Illán-, lo tuvieron de vuelta a Madrid; a éste, su hijo, le pusieron tal nombre porque San Isidro llevaba los terrenos de un terrateniente llamado don Juan de Vargas. Su incesante aprecio a los pobres y a la vida de oración, le granjeó no pocas enemistades:

Labrador y carpintero de vida sencilla, marcada por una profunda fe y devoción a la Virgen, y espíritu caritativo. Todos los días, de madrugada, acudía a la iglesia de Santa María de la Concepción, hoy Catedral de la Almudena, y a la ermita de Santa María Magdalena, por la que tenía especial devoción. Por la tarde, repetía sus itinerarios marianos, lo que provocaba las críticas de algunos de sus compañeros, que le calumniaban por tener abandonado el trabajo. Además de esta vida de oración y este fervor por la Virgen, se consagró a los pobres, con la ayuda de su mujer, que compartía con él su amor por los más necesitados.
Su patrón, oídas estas críticas, se escondió tras unas zarzas para contemplar por sí mismo si era un holgazán como lo tachaban algunos, y se encontró con uno de sus prodigios más famosos. Mientras que San Isidro rezaba a la Virgen María, una pareja de ángeles guiaban la yunta de bueyes y araban los campos. Es tradicional representar a San Isidro con este milagro, y en nuestro pueblo, la imagen se compone de dos partes, colocándose a los pies los dos ángeles que llevaban a cabo este prodigio.


En otra ocasión, obró un milagro digno de su vida sencilla y honesta, como lo podemos leer a continuación:

Lo que ganaba como jornalero, Isidro lo distribuía en tres partes: una para el templo, otra para los pobres y otra para su familia (él, su esposa y su hijito). Y hasta para las avecillas tenía sus apartados. En pleno invierno cuando el suelo se cubría de nieve, Isidro esparcía granos de trigo por el camino para que las avecillas tuvieran con que alimentarse. Un día lo invitaron a un gran almuerzo. El se llevó a varios mendigos a que almorzaran también. El invitador le dijo disgustado que solamente le podía dar almuerzo a él y no para los otros. Isidro repartió su almuerzo entre los mendigos y alcanzó para todos y sobró.
Uno de los milagros más famosos de San Isidro, y del que todavía se encuentran evidencias en la madrileña plaza de San Andrés, hoy museo de la Villa, es el acontecido con su hijo que accidentalmente cayó a un pozo y por gracia de sus plegarias subió el agua y el niño ascendió sin ningún daño.  


Un día mientras ellos corrían por el campo, dejaron al niñito junto a un profundo pozo de sacar agua y en un movimiento brusco del chiquitín, la canasta donde estaba dio vuelta y cayó dentro del hoyo. Alcanzaron a ver esto los dos esposos y corrieron junto al pozo, pero este era muy profundo y no había cómo rescatar al hijo. Entonces se arrodillaron a rezar con toda fe y las aguas de aquel aljibe fueron subiendo y apareció la canasta con el niño y a este no le había sucedido ningún mal. No se cansaron nunca de dar gracias a Dios por tan admirable prodigio.

Podríamos extendernos más, pero será cuestión que ahora hablemos de que es santo patrono de los agricultores, desde 1960, según una bula del papa Juan XXIII. Sin embargo, se le incluyó en el santoral en 1622, gracias a la intercesión del rey Felipe III, aquejado de unas fiebres muy altas, y desahuciado por los médicos, al que por divina intercesión de San Isidro, curó las mismas.

Es patrono de Madrid, y sus restos se hallan en la Real Colegiata de San Isidro, en la madrileña calle de Toledo. Sus restos están incorruptos. Según podemos leer en este enlace, sus numerosos prodigios han hecho que las gentes de Madrid le hayan tomado un cariño especial a este santo de los agricultores. En 2022, con motivo del cuarto centenario de su canonización, se expondrán sus restos al culto, y podremos volver a verlos.


De San Isidro tenemos miles de refranes y frases hechas; dado que su festividad coincide con la mitad del mes de mayo, podemos relacionar los siguientes:

"Por San Isidro Labrador, se va el frío y viene el Sol".
"San Isidro Labrador se lleva la lluvia y trae el Sol".
 "Si se desigualó el sembrado, por San Isidro está igualado".
O incluso, con interesantes reflexiones sobre su vida y el poema que le dedicó don Félix Lope de Vega, también podemos ver en algún otro sitio, el siguiente:

 "Por San Isidro Labrador, la cosecha tiene color".

Concluyamos observando que la vida del santo ha sido muy utilizada en la literatura, pintura y cine, no sólo porque Félix Lope de Vega, adaptado posteriormente por Salvador María Granés, escribiera en el siglo XVI "la vida y milagros de San Isidro Labrador", para el teatro de comedias; o porque en 1963, el director Rafael J. Salvia dirigiera "Isidro, el Labrador", con notable éxito para la época, sino porque pintores de todas las épocas lo han representado, aunque nos quedaremos con el comentario que se realiza sobre un óleo sobre tabla:



sábado, 26 de enero de 2013

SAN JULIÁN: PATRÓN DE CASAS DE HARO

"Henchidos de alegría, cantemos sin cesar, gloria al padre de Cuenca, loor a San Julián". Desde época indeterminada, nuestro santo patrón, aquél titular de la Iglesia de la antigua aldea de labor llamada los Pavos, se celebra en Casas de Haro el 28 de enero. En su honor, todos los casasdehareños debemos sacar de nuestro patrón su caridad para darnos cuenta que ayudarnos los unos a los otros puede abrirnos la puerta grande a ser mejores personas y, por qué no, las puertas del cielo.

Como todos los años, el día 28 de enero procederemos a honrar a nuestro patrón San Julián. Es una fiesta pasada por el frío y la nieve en estos últimos años, pero también hay que pensar que todos los de Casas de Haro le damos calor.Para ello, su inestimable hoguera el día anterior a su fiesta, en la que todos los de Casas de Haro nos reunimos al calor en uno de los días más gélidos del año.


Desde época indeterminada, la juventud de Casas de Haro ha disfrutado de tirar carretillas durante esa noche para deleite de los mismos, y en los últimos tiempos, se está intentando que desaparezca esta costumbre, no sabemos si con éxito o no; sólo sabemos que la gente sigue adquiriendo carretillas y que se divierte durante esa noche tirándolas para festejar que San Julián ya está aquí.


De San Julián "el tranquilo" podemos hablar largo y tendido. Grandes autores han hablado de su vida y de sus milagros, y es uno de los santos que más devoción tuvo entre reyes como Felipe II, Felipe III,... 

Es el santo por antonomasia de Cuenca, aunque no naciera en nuestra provincia, y sí en Burgos. Como persona santa, y después de ordenarse sacerdote, se dedica durante 25 años a predicar por toda España. De ahí que en nuestro himno cantemos en su primera estrofa "De Dios por el reinado, ardiendo en santo celo, por el hispano suelo, como un ángel cruzó"

Un buen día, San Julián llamó a su criado Lesmes, a quien dijo:

- ¿Quieres acompañarme, Lesmes?...
- ¿A dónde, señor?
- A recorrer España, dijo San Julián.
- Con vos, hasta la muerte, respondió Lesmes.

Sin más posesiones y bagajes que un crucifijo, un breviario, una imagen de la Virgen y una muda, San Julián y su criado Lesmes se dedicaron a predicar.




En 1191, mientras predicaba en Toledo, muere el arzobispo de Toledo, y su sucesor, don Martín López, lo nombra arcediano de la catedral de Toledo, cargo que acepta a regañadientes, gracias a que puede alternar su labor apostólica, con su cargo.

Cinco años lleva San Julián de arcediano en Toledo, cinco años que han servido para que todos le admiren y quieran. El 14 de diciembre de 1195 muere "el noble y prudente" primer obispo de Cuenca, don Juan Yáñez, sede episcopal fundada por Alfonso VIII en 1182, después de la reconquista de la ciudad del cáliz y la estrella. Conocía Alfonso VIII las virtudes y celo del arcediano de Toledo y creyó, ciertamente, que ninguno mejor que él podrá ser el segundo obispo de la recién creada diócesis conquense. De nada valieron las negativas y oposición de San Julián: en el mes de junio de 1196, a la edad de sesenta y ocho años, fue consagrado obispo entre la alegría y tristeza de los toledanos, que si veían hecho obispo a su santo arcediano, les dolía el perderle. Apenas consagrado obispo, acompañado de su fiel Lesmes, sale para Cuenca, cuya distancia con Toledo la salvan caminando a pie por sendas y vericuetos. En el camino se entera del gran recibimiento que preparan los conquenses, y ya, a corta distancia de la ciudad, espera que llegue la noche y hace su entrada cuando todos duermen: todos menos un rapazuelo del hoy Barrio de San Antón que les guía hasta el Palacio Episcopal y a quien el Santo protege, muriendo, según la tradición, de arcediano de Cuenca.



Sobre su labor como obispo de Cuenca, diremos lo que apunta uno de sus biógrafos:


"Sólo un espíritu de dinamismo multiplicado como el de San Julián podía llegar a una actuación tan compleja y ordenada. Cuenca y su obispado estaban en aquella época ocupados por tres clases de moradores: musulmanes, judíos y cristianos: a todos visita y catequiza; a todos instruye y forma: grande es su trabajo, mayor su celo, y el fruto no se hace esperar, haciendo una ciudad cristiana: hasta en los repliegues bravíos de la serranía, en los altozanos ondulantes de la Alcarria y en las llanuras sin fin de la Mancha, dejó prendido San Julián el encendido eco de su voz apostólica y misionera.

Tuvo una gran preocupación y predilección por sus sacerdotes, que los quería santos y apóstoles. En sus célebres visitas pastorales ponía especial cuidado en corregir el deplorable estado de muchos de sus sacerdotes, y los insolentes e incorregibles de siempre le proporcionaron serios disgustos: por ser antes el deber que la amistad para San Julián, hubo de enfrentarse con su metropolitano y gran amigo don Martín López. a quién acudían, engañándole, esos desgraciados sacerdotes descarriados. Preocupóse grandemente por el Cónclave Levítico, especie de Seminario, que recogía los niños donados a la Iglesia. En definitiva: su labor episcopal en Cuenca fue tan abrumadora como de felices resultados, haciendo una dudad y diócesis eminentemente cristiana"

Si por algo debemos destacar a San Julián, es por haber tenido como principal característica la caridad: junto a su criado San Lesmes, se reunían en una gruta en los alrededores de Cuenca para confeccionar cestillas que luego vendían para satisfacer las necesidades de los pobres.Para todos era su pan, muchas veces milagroso. y para todos la delicadeza y exquisitez de sus cuidados. Solía el Santo anualmente retirarse unos días a una gruta abierta sobre el Cerro de La Majestad, para practicar esa especie de ejercicios espirituales que tanto le fortalecían: días de ayunos y asperezas, de oración intensa y mortificación constante. Llamaba el Santo este sitio "el lugar de mi tranquilo día": junto a la gruta. que hoy se conserva, se levanta una sencilla ermita en honor del Santo, y ese lugar lo llaman los conquenses "San Julián el tranquilo". En esos días de retiro fabricaba sus célebres cestillas, que. repartía en limosna a los necesitados y que todos procuraban tener, pues a su contacto se veían libres de enfermedad, rubricando con esta costumbre su apodo de obispo limosnero.


Todo ello le valió al morir, el apelativo de santo. De hecho, la catedral de Cuenca, que en esos momentos estaba construyéndose, le sirvió como morada eterna. Sus restos incorruptos se siguen guardando en la catedral de Cuenca.

En nuestro pueblo, San Julián y su ermita se levantaron en un año indeterminado, y digo bien, puesto que en ningún archivo al uso aparece nombrado. Es evidente que en las visitas de 1714 y 1734 no aparece nombrada. Toda vez que pertenecía a una aldea o barrio de los Pavos dentro de la aldea principal, o mayorazgo, de Casas de Haro, esta ermita tuvo que ser construida a lo largo de todo el siglo XVIII; pero con las continuas lluvias, epidemias y probablemente con la propia dejadez del pueblo, que no percibía renta alguna, esta ermita va quedando en ruinas y debe ser "reedificada a devoción de los vecinos" en 1846. 

Sin embargo, volvemos a constatar que en la documentación del archivo del Ayuntamiento de Casas de Haro no aparece ni siquiera nombrada tal reedificación. Es evidente con toda probabilidad que todo se hiciera por suscripción vecinal, fórmula empleada para la construcción de caminos, cementerio e incluso calles, como puede ser el Camino de los Barrios en el último tercio del siglo XIX.


Al pertenecer al distrito o barrio de los Pavos, San Julián surgiría como evocación al obispo de Cuenca, famoso por sus milagros y su vida ordenada, según todas las crónicas. De su monolito, que se extrajo de su campanario, su báculo y su mitra, símbolo de su jerarquía en la Iglesia como obispo, su cestilla, símbolo de la caridad específica de este santo, y la palma, que la Virgen María le regaló en uno de sus numerosos episodios luminosos, que hace referencia a su vida santa, su pureza y su castidad, nos ayudan a delimitar los símbolos de su indumentaria y a San Julián. De hecho, el propio monolito que se exhibe en las inmediaciones de la iglesia de Santa María Madre de la Iglesia así lo atestiguan. Esos símbolos estaban expuestos en el anterior campanario que se erguía algo más majestuoso que el que tenemos en este momento, de escasa entidad e importancia.



Es evidente que esa reedificación de 1846 entronizó a San Julián como patrón. Pero cabe preguntarse si anteriormente la ermita (no olvidemos que su disposición así lo indica) no estaría advocada a otro santo o santa. Tendíamos a pensar que era Santa Ana, pero a la luz de recientes investigaciones, sólo podemos concluir que San Julián ha sido el patrón de nuestro pueblo desde tiempo inmemorial y que está puesto ahí por ser obispo de nuestra provincia, a la cual hemos pertenecido siempre desde nuestra fundación.

Fijaros cuál no será la devoción que desde siempre se le ha tenido a San Julián, que la calle que dejamos a mano izquierda de su iglesia nos recuerda a su fiel criado San Lesmes, y que la calle en la que está enclavada su iglesia y que puede considerarse uno de los ejes principales del barrio de arriba, junto a la calle Careaga, se dedica a su figura. Los habitantes de la calle San Julián, con todo el regocijo del mundo, esperan que lleguen fechas próximas al 28 de enero para honrar a nuestro patrón.

En la puerta de su iglesia, en el barrio de arriba, en el dintel, se expresaban hace años en madera, escenas de la vida del santo. Esa estructura de madera se tuvo que romper y no se ha repuesto. Sin embargo, como evidencia de pasado, presente y futuro, se podría proponer realizar una maravillosa estructura de medio de punto, en madera con escenas en bajorrelieve sobre escenas de la vida del santo, como en el momento de su consagración tuvo que existir.

De hace 10-15 años es la tradición de preparar un plato como las gachas, especialmente tradicional por su contenido e histórico por ser el alimento preferido en esta estación de frío por pastores, jornaleros y labradores, el día posterior a la procesión del patrón, primero a la Iglesia de Santa María Madre de la Iglesia y después a su casa, en el barrio de Arriba. Desde entonces todos los de Casas de Haro, vecinos de los alrededores y emigrantes que vienen a concelebrar la fiesta disfrutamos de unos días de esparcimiento y regocijo en honor a nuestro patrón. Como dice su himno, "LOOR A SAN JULIÁN".

jueves, 5 de enero de 2012

SAN ANTONIO O SAN ANTÓN ABAD

Imagen tradicional de San Antón Abad, con animales
"Hasta San Antón, Pascuas son"... Si hay algún santo por antonomasia que tiene ermita en todas las poblaciones, ése en San Antón, el patrón de los animales. Hasta Madrid, en su castiza calle de Fuencarral, tiene su iglesia dedicada a este santo de clara ascedencia popular entre la gente de campo.

Este monje cristiano al que se atribuyen muchísimas leyendas y que tiene clara advocación y preeminencia sobre los animales, en Casas de Haro siempre ha tenido su pequeña ermita en la confluencia de las calles Grupo Escolar, San Antón, Huertas y calle Mayor (pues de ella comienza la calle doctor Jareño, anteriormente el camino del Cementerio)

En nuestro pueblo, si de algún santo antiguo podemos hablar, ése es San Antón: de un inventario del Socorro Rojo Internacional (ejército rojo) de 1937 realizado en Casas de Haro, se habla que la única figura santoral que se pudo salvar fue una pequeña imagen de San Antón, algo deteriorada, con graciosos repintes en su manto. 

Durante este año, se ha tenido la ocasión de ver y fotografiar a San Antón como nunca antes se pudo hacer. Debido a la restauración -o incluso reconstrucción- de su ermita, el pequeño santo acompañado por su gracioso gorrino ha estado expuesto en la Iglesia de Santa María Magdalena. Se trata de una talla de no más de 60 cm, en la que el titular, aparece acompañado de su famoso gorrino. Y es que la iconografía cristiana tiene mucho que ver con este hecho. Se le suele representar anciano, con hábito de monje -usualmente se le representa con el hábito de su orden, especializada en las enfermedades contagiosas- y también con el gorrino o cerdo a sus pies, símbolo en muchas ocasiones del sometimiento de los animales a él o también símbolo del triunfo de este santo sobre los pecados carnales y el mundo en general.

San Antón abandonó sus bienes para tener una vida de ermitaño. Como opción, se sabe que gracias a este hecho fue bendecido por Dios con 105 años de edad. Además, retirándose al desierto, fue tentado por el demonio en muchas ocasiones; por ejemplo, un cuadro de Velázquez en el que representa las tentaciones de San Antón y San Pablo, nos presenta a este santo alimentado por un cuervo.

Las tentaciones de San Antonio y San Pablo, de Velázquez.
Y es que San Pablo el simple, discípulo de San Antón, contaba que era alimentado por un cuervo y que a la muerte -de san Pablo- fue ayudado para enterrarlo por dos leones y otros animales (de ahí la fama como patrón de los animales y también de los sepultureros).

De él se cuenta también que un buen día una jabata se le presentó con sus jabatos en actitud suplicante -pues éstos estaban ciegos-, y San Antón decidió curarlos. De ahí que la jabata y sus hijos no se separaban de él. Evidentemente, durante la Edad Media se consideró que el cerdo o jabalí era un animal impuro, y de ahí que se le representara a sus pies, por ser vencedor de la impureza.

Al tener tanta importancia por ser el santo de las enfermedades contagiosas, muchos hospitales estaban bajo su advocación y para su mantenimiento se soltaban cerdos por las calles; para evitar que la gente se los llevase, se pusieron bajo su advocación. En nuestro pueblo, hasta hace no mucho tiempo, también se soltaba durante su festividad un gorrinillo que todo el mundo iba alimentando hasta el año siguiente. Y en su festividad, se hacía una rifa llevándose el "gorrino de San Antón" un habitante de nuestro pueblo, que con él daría manutención a su familia gracias a la matanza, efectuada por este tiempo.

Evidentemente, en nuestra filosofía cristiana, el poner un animal al lado de un cristiano, era como decir que esa persona había entrado en bienaventuranza, puesto que se tenía la creencia de que se dominaba a la creación. De ahí su iconografía.

De nuestro san Antón podemos comentar que aparece representado con las Sagradas Escrituras o Biblia en la mano izquierda y un largo bastón o cayado en la derecha, ambos símbolos evidentes de su ancianidad e inteligencia. Estos dos símbolos tienen que ver con la edad. Sus largas barbas y su eminente calvicie nos hacen ver que se trata de un santo mayor. Recordemos que uno de sus principales atributos es la ancianidad.

Famoso gorrino de San Antón, con una evidente capa de polvo y necesidad de restauración.
Por otro lado, a sus pies se representa un gracioso gorrino, de color marrón oscuro en actitud de mansedumbre hacia el santo, dado que aparece apoyado en sus patas traseras y con una mirada de mansedumbre.
Primer plano de San Antón, en el que se evidencian los ojos de cristal, el halo de santidad, con una insinuación de cruz, de color plateado y las escrituras, el bastón o cayado y la larga barba y calvicie símbolos de su ancianidad y sabiduría.

En último caso, destacaremos la iconografía y simbolismo oculto de sus vestiduras. De un color marrón y azul, pueden representar el tránsito entre el cielo (azul) y la tierra (marrón), así como la referencia algo lograda a las famosas vestiduras de la orden de San Antón.

Destacaremos dos detalles que en ocasiones se nos escapan y que son de referir: en primer lugar, su corona o halo de santidad, conseguida en una especie de material pobre, como es el latón, y algo deteriorada. Pero no por ello, menos particular. Recordemos que esta corona, así como el santo, deben tener como mínimo 150 ó 200 años. También es de resaltar, en segundo lugar, sus ojos. Son ojos de vidrio, ensartados en la madera y que ofrecen a aquél que tiene la suerte de mirarlos en la cercanía una imagen de sencillez y de protección. No emana su figura una imagen de provocación, sino de serenidad, cercanía y por supuesto de santidad. Además, y es un detalle muy particular, uno de sus ojos aparece movido, es decir, no mira del todo recto y aparentemente se le puede observar como bizco. El detalle no tendría mayor importancia si no viéramos que es una imagen particular y única. Todas las demás imágenes, a excepción de la Virgen de Maglián y el niño que se da a besar en fechas navideñas son los santos más antiguos que tiene Casas de Haro en su haber.

Es costumbre el día de San Antón hacer hogueras (además tradición enraizada en la cultura española), así como dar nueve vueltas a su ermita con o sin animales para pedir alguna bendición al santo; y no olvidemos tampoco que en esta época se daban los famosos "tostones", que no es otra cosa que forraje de animales frito, que en ocasiones hemos recibido de pequeños y que tiene un sabor salado.

Hoguera de San Antón

jueves, 22 de diciembre de 2011

ESPADAÑA DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA MAGDALENA


De 3 cuerpos, y tres vanos preparados para las campanas, o para 2 campanas y una imagen pequeña de nuestra Santa, en el segundo cuerpo, está coronado por una bola, que representa el reinado de la Iglesia sobre el mundo.
Hecho a base de piedra caliza de la tierra y unido por argamasa, este campanario está formado por una estructura adintelada. De unos 15 metros de altitud, está separado por una estructura de friso corrido, sin mayor ornamentación, como correspondía al estilo en el que fue construido, un renacentista-barroco rural.
Si en algo destaca, es que los vanos están enmarcados en sendos arcos de medio punto adornados a la altura de la sujección de las campanas con un elegante friso liso.
En último caso, nótese la elegante armonía que encierran sus líneas y su diseño compuestas por una total simetría enmarcada en su color característico, que siempre nos hará pensar en el barro y en la tierra caliza, suficientemente representada en nuestros campos.
Por tanto, siempre cabe pensar en él y hacerlo partícipe del famoso himno a nuestra Patrona: "Ven, hija del barro de esta tierra", para hacernos a la idea de su dimensión y por supuesto del color característico que evoca  la llanura conquense y estas tierras, ricas en cultivo de secano y de pinares.
La edificación de la Parroquia de Casas de Haro, allá por 1750, nos hace darnos cuenta del esfuerzo de nuestros antiguos vecinos para conformar y conseguir esta joya arquitectónica que se ha ido perpetuando al albor de los tiempos y que, por desgracia, nos ha llegado inacabada: ¿por falta de dote económica? ¿por falta de iniciativa? ¿a la espera de tiempos mejores?
Sin embargo, en pleno siglo XXI, en el que hoy en día no se le da valor a estos monumentos, desde estas líneas se reinvindica el hecho de que la espadaña que tenemos delante, forma y objeto de un grupo más numeroso, como lo es la Iglesia de Santa María Magdalena, debe recibir de hecho la consideración de monumento arquitectónico de la época del renacimiento-barroco, no sólo por el sudor derramado por nuestros antepasados para conseguir alzarla, sino también por el hecho de la armonía que encierra en su conjunto.


Acerquémonos en estas fechas y contemplemos su forma, admirémonos de sus detalles y venerémosla como parte que ha sido, es y será nuestra.

sábado, 10 de diciembre de 2011

SANTA LUCÍA, PATRONA DE LA VISTA

Coincidiendo con la festividad de Santa Lucía, el 13 de diciembre, se celebra en Casas de Haro una misa en su honor en la Iglesia de Santa María Magdalena, donde se halla la talla de la santa.

Imagen de Santa Lucía, abogada de invidentes y de los problemas de la vista.
Iglesia de Santa María Magdalena, Casas de Haro.

Como veréis si alguna vez os acercáis, al lado de la santa podemos contemplar un cepillo para las limosnas de la santa. Casas de Haro siempre ha sido muy devoto con Santa Lucía, entre otras cosas, porque ha sido la patrona de los invidentes, y es abogada de los problemas de la vista. Posteriormente, hablaremos de determinados símbolos presentes en la talla que nos hacen pensar en ella no sólo como patrona de los invidentes, sino también como patrona también de los campesinos, de los pobres en general, de los niños enfermos, los electricistas, los chóferes, los cristaleros, los afiladores y también de las modistas, que se quemaban la vista cosiendo a la luz de las velas.

Y es que Santa Lucía se compró en una época posterior a la guerra. Ignoramos si anterior a la guerra, en el mismo sitio donde ahora está la imagen, existiría una figura de Santa Lucía más antigua. Sí tenemos constancia que en esa pequeña hornacina hecha de madera probablemente se encontraría la imagen de la antigua Santa Ana, madre de la Virgen, que desde siempre ha estado en la iglesia de Santa María Magdalena.

De Santa Lucía podemos decir que nació en Siracusa y era de padres nobles y ricos. Sin embargo, fue educada en la fe cristiana. Consagró su vida a Dios e hizo voto de virginidad. Su madre, Eustiquia, fue curada de una grave enfermedad, gracias a la intercesión de Santa Águeda, en una peregrinación a su tumba. Se suele utilizar para la representación de Santa Lucía una lámpara como atributo iconográfico, puesto que Santa Águeda se le apareció en esta visita expresándole que su madre sería curada, pero que ella misma sufriría martirio.

Santa Lucía, de Franceso del Cossa. Siglo XV.
Representación de la santa con la palma y los dos ojos en una fina planta.
Detalle de los ojos de Santa Lucía.

Gracias a esta curación milagrosa, la santa repartió su fortuna entre los pobres. Dicho hecho pudo ser la consecuencia que su prometido pagano la denunciara ante el magistrado Pascasio. La santa se negó a abjurar de su creencia y fue condenada a permanecer en el prostíbulo. Sin embargo, cuando iban a trasladarla a este lugar, la ataron a una yunta de bueyes para obligarla a ir a su destino, pero se mantuvo firme y fue imposible desplazarla.
Santa Lucía tirada por los bueyes. Giovanni Bartolommeo Cristiani. Siglos XIV-XV

Louis Réau nos cuenta  en "Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los Santos" que "el cónsul pidió ayuda a los magos. Lucía fue asperjada con orina hirviente, que se consideraba apta para destruir los maleficios. Los verdugos le echaron plomo fundido en las orejas, le arrancaron los dientes y los pechos. Se levantó una hoguera a su alrededor; pero las llamas la respetaron, y para acabar con ella debieron cortarle el cuello". Uno de los atributos representativos de Santa Lucía es una espada en una mano, o bien la espada clavada en el cuello en clara representación de su martirio. En nuestro pueblo, la imagen representada no se representa con este atributo, por ejemplo; pero existen numerosas representaciones de Santa Lucía con la espada clavada en su cuello.
Representación de Santa Lucía con la espada y el candil encendido.
Filippino Lippi. Siglo XV.

Una leyenda tardía, ya en la Edad Media, explica que a Santa Lucía le arrancaron los ojos; esto explicaría la deriva de su nombre, Lucía, que traducido del latín significa "luz". Esta leyenda ayudó a la representación iconográfica de la santa. Otro de sus atributos es dos ojos en un plato, representación gráfica de uno de sus episodios legendarios y en clara advocación desde entonces a la protección ejercida sobre invidentes.
Última comunión de Santa Lucía. Tiépolo.
Representación de los ojos en el plato, junto con la espada de su muerte, en la esquina inferior derecha

En nuestro pueblo, Santa Lucía aparece representada de pie, con una túnica roja, con pasamanería y decoración dorada, una prenda interior verde y un velo blanco en su cabeza. Evidentemente, si observamos esta talla desde los ojos del arte podemos encontrar que el velo blanco hace referencia a su pureza, el rojo de su túnica hace referencia a su martirio, y al ser revestida de color dorado, indica su honor, poder y abundancia, puesto que puede hacer referencia a su origen noble. Por otro lado, el color verde de su prenda interior, podemos asimilarlo iconográficamente a la esperanza que puede traer o el favor, si preferimos, que puede otorgar a las personas con problemas de visión.

Después de hacer un análisis de los colores, vamos a detenernos en los símbolos que vemos en esta figura. Un símbolo nos ayudará a reconocer a la figura. De Santa Lucía podemos decir que sus símbolos más conocidos son los siguientes:

  1. El candil encendido, símbolo de iniciación, educación y probablemente de enseñanzas ocultas. También puede hacernos, en un sentido más explícito, a la luz que ilumina la oscuridad de un ojo que no ve.
  2. Los dos ojos en un plato hacen por supuesto referencia al martirio que tuvo que sufrir Santa Lucía. Esa representación en la imagen siempre es aleccionadora; de hecho, en el saber popular, siempre se ha reconocido a esta santa gracias a este símbolo: cualquiera de nuestros antepasados, gente del campo, labriega y pobre en general, se encomendaban a sus plegarias. De hecho, no hay más que comentar que ya en 1752, en el Catastro de Ensenada, en el que se realiza un censo de todos los habitantes, ya aparece en Casas de Haro un ciego.
  3. La palma del martirio. Es un símbolo tradicional de la victoria militar entre los romanos, incluso de regeneración y fecundidad. Pero por la Iglesia primitiva fue adoptado como símbolo del cristiano sobre la muerte. En este caso, al igual que en el caso de otros mártires, la palma representa los instrumentos del martirio. En ese sentido, como es éste el caso, la palma nos representa a los mártires cristianos que han obtenido la suprema victoria y con ella la vida eterna.
  4. La espada clavada en el cuello. Hace referencia a la forma por la cual murió nuestra santa. Es evidente que hay representaciones en la que se puede ver que la espada traspasa todo el cuello; en otras, sin embargo, sólo aparece clavada por un lado; y en otras, por último, aparece un pequeño corte en el cuello de Santa Lucía para sugerirnos ese símbolo.
  5. En alguna ocasión, también se la puede representar con un libro, símbolo de la sabiduría de la fe cristiana sobre las demás creencias.

En el caso de nuestra santa, en Casas de Haro, hay varios símbolos que siguen la representación tradicional, como es el plato con los ojos de la santa, pero también existen otros símbolos ocultos que vamos a desentrañar a continuación.

  • En la cabeza de nuestra santa aparece un lazo dorado. En ese sentido, podríamos decir que el lazo dorado no es frecuente en las representaciones de la santa, y mucho menos en una figura tallada. El lazo dorado hace referencia como símbolo universal a la lactancia y por tanto a los bebés. Más arriba, comentábamos la advocación de Santa Lucía como protectora de los niños enfermos. De ahí podemos concluir que nuestra santa ya tiene un símbolo que la hace única en su representación en Casas de Haro. ¿Podría ser que se encargara bajo unas condiciones concretas? ¿Podría ser que quien la encargó lo hiciera porque tuviera algún bebé enfermo? ¿Podría ser que el tallador conociera sus atributos y la representara así?
  • Otro de los símbolos que se nos escapan es la borla dorada que cuelga de su túnica. Tampoco es muy frecuente representar a un santo con ese atributo. Iconográficamente la representación de una borla es símbolo del primogénito, y en este caso, el color dorado puede hacer referencia al honor social que ostentaría la santa. Nos hace referencia a la riqueza, y por tanto, al honor que tuvo que poseer Santa Lucía y por lo que debe ser recordada.


En último lugar, todos los santos son representados con el nimbo dorado de santidad, finamente labrado en el caso de Santa Lucía,  Es considerado una corona inmaterial símbolo de dignidad, poder, de santidad. Es, por tanto, un premio que se recibe en la gloria por los méritos espirituales. En este caso, al igual que en el de todos los santos, está suficientemente y obviamente representada.

En el siglo XIX,  el sacerdote de este municipio, ya es un anciano y debe renunciar a ser Teniente de cura debido a su ceguera, que no le permite leer ni escribir con facilidad. Todo ello viene motivado en unas actas del Ayuntamiento en las que no puede ser maestro de escuela por este problema, con lo que al final se busca otro candidato para el puesto vacante. ¿No estaría Santa Lucía en ese momento en la Iglesia? ¿No se pondría ya ese sacerdote y muchas otras personas bajo su advocación?
Vida de Santa Lucía de Quirizio Murano.

Concluyendo, Santa Lucía, aunque sea santa italiana, y sus restos, históricamente, hayan acabado en Francia, podemos considerarla una santa con gran devoción española. De hecho, muchos refranes populares la tienen como protagonista. Nuestros mayores siempre han dicho que "Santa Lucía acorta las noches y alarga los días"