Pedazos de nuestro pueblo, pedazos de nosotros mismos. Adéntrate en este blog y descubre trocitos singulares de nuestro presente y de nuestros antepasados. Espero que te guste y espero tus comentarios al final de los artículos.
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martes, 1 de abril de 2014

LOS CUBOS: Arquitectura en piedra seca

Cubo Agustinillo.
 "Situado al pie de la carretera que va desde Minaya a Casas de Fernando Alonso
y que con su enorme mole de más de 7 metros de altura y potente fábrica,
enseñorea el entorno en el que se halla".

Nuestro campo forma parte de nosotros mismos y, como tal, hay que procurar cuidarlo de cualquier tipo de intrusión externa. Es uno de los pocos reductos verdes que nos quedan, uno de los sitios en los que podemos pasear, caminar, avistar aves, cazar, etc...

Dentro de nuestro espacio agrícola, Casas de Haro siempre ha destacado por una ingente cantidad de piedra. Para acercarnos a las construcciones agrícolas, debemos hacerlo siempre desde una mentalidad abierta. Manifestaciones etnoculturales, eminentemente agrícolas y ganaderas, unidas a una geografía concreta, en la que podemos encontrar piedra forman el caldo de cultivo que nos servirá para estudiar el fenómeno de los cubos.

Para ello, describiremos brevemente cómo se trata nuestro suelo en obras dedicadas a este tipo de arquitectura, de la vecina provincia de Albacete (página 18), en la que se describe el suelo que da origen a estas construcciones como

Suelos pardos calizos con horizontes de humus muy poco desarrollados. Se suelen formar sobre materiales consolidados siendo delgados y fácilmente erosionables (Sierra de Chinchilla). Los formados sobre material no consolidado, ocupan los municipios de Villarrobledo y Minaya al noroeste en una zona (...)
Cubo Huerto Hormiguero, llamado por algunos Cubo Melao.

Sin embargo, un interesante estudio redactado en el vecino pueblo de Tébar sugiere que estas manifestaciones arquitectónicas típicas surgen al albor de un incesante tráfico ganadero. La Cañada Real, que también pasa por nuestro término municipal, y, asímismo, por la zona claramente influenciada en la que vemos construcciones como los cubos, nos hace a la idea de la importancia que tienen. La reflexión que vertebra esta teoría es que servían de refugio a la trashumancia que, desde antiguo, ha pasado por nuestro municipio.

Según el estudio de Vegas Mileto-Cristini (2009),
ésta es la distribución de construcciones de piedra seca en España

Ya en época prehistórica las fuentes consultadas apuntan a la presencia de lugares ampliamente poblados interpretados como sistios estratégicos de control de territorio y de paso. Pero es sobre todo en época romana cuando se cita a esta comarca como nodo importante en el trazado de la Vía Heraclea, que comunica Cartagena con el interior de la Manchuela y los territorios del Júcar a través de Pozoamargo, Segóbriga, Ercávia y Valeria.

No obstante, es a partir de la Reconquista cuando la comarca alcanza su mayor auge económico y estratégico (...) Así es como, en 1273, bajo el reinado de Alfonso X, se crea el Concejo de la Mesta, donde se establecen tanto la red de cañadas reales, como directrices, dimensiones y características. (...)
Y así, lo consideró la Mesta, como una tesela fundamental para el trato entre ganaderos, desvío de cabezas de ganado o descanso, así lo demuestra algunos indicios como son la presencia de restos de descansaderos en las proximidades de los chozos.
Pero intentemos formular un cuadro de características que nos puedan ayudar a entender el fenómeno de la arquitectura de la piedra seca y poder incluir nuestros cubos en el mismo:

Cubo situado cercano a la carretera de Minaya.
  • En la arquitectura de la piedra seca se establece como único elemento constructivo la piedra, sin ningún tipo de únión o argamasa. Las piedras se sostienen las unas a las otras por acción de su propio peso.
  • Se produce una integración de las construcciones con el entorno natural, el paisaje y el campo, junto con los cubos, forman un todo. Este "todo" se llama paisaje humanizado.
  • Se trata siempre de una arquitectura local, foránea. Se produce específicamente en lugares en los que abunda la piedra. Es decir, sólo se suele dar en lugares en los que la piedra sea muy abundante, dado que es difícil en lugares en los que la piedra deba ser transportada.
  • Es un tipo de arquitectura popular -denominada por muchos como pobre-, dado que los únicos elementos constructivos son el hombre y la piedra. Normalmente, por este motivo se suele dar en zonas de secano, dada la pobreza de este suelo; y con menor representatividad en las tierras de regadío, en las que se utilizará cal y arena. 
  • El uso de la piedra suele ser poco trabajado y, en ocasiones, la piedra está tallada muy ligeramente. Al utilizarse la piedra como sujección de la tierra, las piedras que se utilizan suelen ser pequeñas, lo que ayuda a que un solo hombre sea capaz de manejarlas. Esto nos ayuda a reflexionar sobre una técnica constructiva individual, dado que el hombre se ayuda de herramientas muy rudimentarias. Se utilizan pocas herramientas, algunas para extraer, transportar o trabajar la piedra, pero serán la técnica y la pericia del hombre aquellas herramientas que ayudarán a que un cubo se ponga en pie.
  • Las construcciones de piedra seca son obras, en su mayoría, de construcción anómina, dado que no suele quedar para la posteridad el autor de la construcción. En nuestro pueblo, sí conocemos la autoría de familias en la construcción del cubo, y se denominan singularmente por el nombre de aquél que lo construyó, lo que nos ayuda a conocer o a determinar en muchos casos su autoría.
  • Existen unas necesidades del hombre que, gracias a a estas construcciones, se resuelven: pueden ser agrícolas, de división de tierras, domesticación de animales, refugio, etc.
  • El medio natural se convierte en el gran elemento a partir del cual el constructor toma sus ideas. El hombre creará este tipo de construcciones, de piedra seca, a imagen de lo que ha visto en la naturaleza: la erosión que da lugar a una cueva o abrigo, un muro de piedras, etc...
Cubos de la Huerta de Mangas. Obsérvese su carácter geminado.
Con estas características, podemos incluir a nuestro cubos dentro de la arquitectura popular de la piedra seca. Y, por tanto, debemos definir el fenómeno de la arquitectura popular, empleando estas palabras, de la revista Zahora, de Albacete, en su número 53:

Cubo Antolino.
Arquitectura popular es la arquitectura que hace el pueblo. Con mayor rigor se podría decir que es la arquitectura que hacen el pueblo y el tiempo.
Es el pasar anónimo de muchas gentes, con idiosincrasia común, con deseos y aspiraciones comunes, es el que ha hecho aflorar esa oculta singularidad de una colectividad social, aparentemente gregaria, que tiene, sin embargo, una acusada personalidad.
Si queremos desentrañar las profundas raíces de la arquitectura popular, nos encontramos siempre con dos factores esenciales: su condición artesana de lo hecho a mano y su lenta gestación. Y son esos dos factores los que le proporcionan esa realidad de permanencia, de inmutabilidad, de intemporalidad: porque la arquitectura popular no es de antes ni de ahora, sencillamente es. Por eso de una arquitectura popular en desuso no quedan ruinas, ni menos aún ruinas gloriosas, sino un montón de escombros.

En interesantes artículos, como éste de la revista "Gigantes de la Mancha", de Campo de Criptana, se localizan otras formas de denominar a los cubos, dependiendo del lugar en que la manifestación se haya producido.

Los nombres de este tipo de construcciones cambian en algunas regiones pero no varía su sistema constructivo. En el Rosellón francés se les llama "Boris", en Navarra "Cabañeras", "Arkoak" en Euskadi, "Castros" en Galicia, en La Rioja "Casillas", en Aragón "Casetas", "Cabanes" en Cataluña, "Cacherulos" en Levante y en el resto de la Península, en general, "Chozos", con matices localistas como en La Mancha donde también se les denomina "Cubos", "Cubillos", "Cucos " y "Bombos" por sus diferentes formas. 
Planta y sección de los diferentes tipos de cubos, según los diferentes tipos

Adentrémonos en su peculiar forma de construcción de los cubos. Con la división de los nuevos entes provinciales de Javier del Burgo en 1833, y con nuestra asunción como pueblo en 1836, se produce en fechas sucesivas la desamortización de Madoz (1855) crea la división agraria posterior. Durante esos años, grandes explotaciones latifundistas se crean en nuestra población. Sin embargo, con el devenir de los años, se fueron vendiendo a los hacendados de estos territorios, lo que implicó que hubiera familias que pudieran disponer de una o varias porciones de tierra, llamados pedazos o rochos (de los que ya hablamos en alguna ocasión), que les sirvió como sustento.

Estos rochos y pedazos disponían de abundante piedra que debía ser retirada para poder ararse el campo. Esta piedra, amontonada en muchas ocasiones en la linde de los caminos o de los pedazos de tierra, dan lugar a divisiones o cercados. Grandes lindes delimitaban un terreno del otro. En otras ocasiones, ingentes cantidades de piedra formaban majanos que eran delimitados con hitos.  Terrenos como "Los Corrales de la Tía Jacinta" o "Los Corrales de Santa Cruz" nos hacen idea de lo que estamos hablando. Estas corralizas se creaban utilizando la gran cantidad de piedra, con lo que se realizaban cercados que ayudaban a encerrar a los animales y reses.

Cubo Mangas, en las inmediaciones del paraje de la Casa don Pedro.

Este inicio derivó en la construcción de chozos y abrigos, construcciones rudimentarias las primeras, en las que se utilizaban ramas y palos usados como cobertizo.

Cubo Ventica, con su dintel en ángulo.
Por último, se utilizaron estas ingentes cantidades de piedra para construir los cubos. Más arriba hemos dicho que la necesidad del hombre incide en la construcción de este tipo de rudimentarias casas, abrigos o lugares de descanso. Antiguamente, la vida se hacía al "aire libre": los agricultores y ganaderos pasaban grandes cantidades de tiempo en el campo, y en muchas ocasiones, al hacérsele de noche, dormían en el propio pedazo o terreno. De hecho, aún en el pueblo, se podía ver en la puerta de la casa a la gente realizando labores en esparto, pleita, madera, etc... En ese momento, no se concebían los salones-comedores, propio de clases más pudientes, desarrollándose la vida en la cocina.

Por tanto, esa necesidad viene emparejada con un tipo de construcción que ya conocía el género humano desde la antigüedad. Así, siguiendo una línea esquemática, podemos hablar que esta técnica se ha transmitido de generación en generación, como podemos observar en este estudio de la arquitectura de piedra en seco como manifestación cultural.

La técnica de la piedra en seco utiliza un material de fácil acceso, inagotable y susceptible de un desarrollo sostenible. Esta técnica es fruto de la creatividad y de la experimentación de millones de personas, durante muchas generaciones, desde hace miles de años. El virtuosismo técnico que exhiben muchas construcciones es fruto de un Know-How, o saber hacer, cuya disminución sería una pérdida difícil de evaluar y un retroceso cultural. En nuestra sociedad la transmisión de los conocimientos no deben quedar al  albur, sino que deben ser proyectados.

Cubo de María Galindo, con enlucido exterior e interior, para evitar el paso del frío.
La Asociación Cultural Az-Za-Farán de Minaya ha realizado un curioso e interesante itinerario por los cubos (llamados en Minaya cubillos) de, entre otros, nuestro término municipal. Ellos exponen claramente la técnica constructiva que apuntan de la siguiente forma.

La técnica constructiva no requiere grandes conocimientos de arquitectura, solamente grandes dosis de habilidad y paciencia. Partiendo de la forma circular de la base formada por losas embutidas en la tierra, se van colocando cuidadosamente más losas ayudándose con piedras pequeñas para que aquéllas queden perfectamente encajadas. Tras construir una pared vertical hasta cierta altura, poco a poco se va estrechando la circunferencia hasta llegar a la cúspide, donde se coloca una gran losa, cuyo peso comprime toda la estructura y permite que ésta se mantenga en pie. Algunos cubillos se encuentran enlucidos interior y/o exteriormente con una capa de barro o de mortero, pero no debemos pensar que se trata de un elemento de fijación de las losas, sino que su función es evitar el paso del viento. 

Hay cubos, como el de María Galindo, que están enlucidos exterior e interiormente para evitar el paso del viento. Aún en la página de Facebook "Arquitectura de Piedra Seca", Francisco Javier Miralles García remata una fotografía que bien nos recuerda a nuestros propios cubos de la siguiente forma, describiendo la construcción en hilada, que termina de ofrecer la falsa bóveda, aunque él prefiere utilizar el término construcción de bóveda por avance de hileras:

Cubo Cosías, en el pinar llamado del Chavo.
Cuando las paredes de una caseta llegan a una altura suficiente para que pueda caminar una persona en su interior, se empieza la bóveda, que se construye con losas de gran tamaño, comenzando a volar ligeramente, de forma que cada hilera va avanzando unos pocos centímetros hacia el centro de la caseta, y así hasta alcanzar la altura máxima donde una piedra de mayores dimensiones se utiliza para cerrar totalmente la construcción.

Este tipo de bóvedas se le ha llamado también “falsa bóveda”. Pero creo que es más correcto decir “bóveda construida por avance de hileras”.
Dentro de nuestros cubos observamos diferentes elementos constructivos que bien podrían darnos unas pequeñas pinceladas para un posterior estudio y delimitación. Hablaremos de los dinteles. Curiosa forma tenían los antiguos de rematar las puertas de entrada de los cubos. En paseos por el campo, se pueden ver el típico dintel en horizontal con una piedra grande. En otros casos, el dintel se remata en "V" invertida con dos lajas grandes, lo que ayuda a entrar, dada la solución que proporciona altura. Pero también podemos observar diversas formas constructivas, aclaradas, entre otras referencias, por Álvaro Zaragozá


También hemos visto que en muchas de las composiciones se usa la denominada coraza o rocha, que forma parte del recubrimiento de dicho cubo, buscando que el propietario pudiera realizar sucesivas restauraciones en la parte alta del cubo. Muchos de los cubos que hemos observado en nuestros campos no están exentos de esa coraza o rocha, que ayuda a esta restauración. Esa construcción de los muros, con una sola hilada, que permitía al viento introducirse, y de varias hiladas, que daban solidez al conjunto, se complementaban con importantes elementos constructivos en el interior, tales como ventanas, pesebres, bancos adosados al muro, alacenas, chimeneas y fuegos (como el que podemos ver del cubo Mangas).


Es doloroso encontrarse con estos testigos vivos de nuestros ancestros, y no realizar rutas turísticas con ellos. Hace tiempo, en Casas de Haro, se organizó una ruta turística por el enclave de la Casa de don Pedro, La Ventica, y el Lentiscar, pero no se ha mantenido y, por desgracia, se perderá. No se editaron, por desgracia, materiales turísticos que nos hicieran descubrir lo misterioso y lo interesante de esta forma de construir. Iniciativas del exterior, como las que comenta Álvaro Zaragozá nos pueden dar una idea del interés que despiertan en otros lugares europeos. Él los denomina "museos al aire libre" y bien podrían constituirse como reclamo turístico en un pueblo como el nuestro.

•          Netherlands Open Air Museum
•          The Open Air Museumof Bokrijk
•          The Ulster Folk Museum


Para concluir con este somero estudio sobre los cubos de Casas de Haro, vamos a hacerlo con las referencias importantísimas de este tipo de arquitectura en los congresos Nacionales de Albacete (2001) y las Jornadas Europeas de Tarragona (2002), donde se consigue una declaración institucional por parte de nuestra Comunidad Autónoma, entre otras; y también una proposición a la UNESCO para que se proteja y cuide de este patrimonio. El problema de este tipo de arquitectura es que termina en ruina; si no hay un importante apego por su reconstrucción, restauración y conservación, corremos el riesgo de perder cubos, entre otros, como el Cubo Blanco o el Cubo de Mediaoreja. Mención aparte refiere el cubo del Ahogado, de hasta 7 metros de altura y varias salas, derruido por los propietarios hace ya 30-40 años.

Cubo de Mediaoreja, estado actual y en 2007.




















Cubo Blanes o Cubo Blanco, parcialmente destruido,
y que necesita restauración urgente.
En el 1º Congreso Nacional de Arquitectura Rural en Piedra Seca – Albacete” (2001), se consiguió que los Directores Generales de Patrimonio Histórico de las Comunidades Autónomas de Valencia, Canarias, Murcia y Castilla la Mancha, subscribieran la “ Declaración Institucional sobre Arquitectura de Piedra en Seco”, ésto era un gran avance. Los Gobiernos regionales de estas Comunidades Autónomas se comprometían a “Impulsar el desarrollo de la candidatura de la construcción tradicional de piedra en seco con objeto de su declaración como Patrimonio de la Humanidad” 
En las Jornadas Europeas de Piedra Seca, celebradas en 2002 en Tarragona, se aprobó la Declaración de Tarragona en donde entre otros puntos se proponía a la UNESCO, a la Comisión Europea y al Consejo de Europa “la protección de las obras en piedra seca que presenten un estado óptimo de conservación en cada territorio, como monumentos históricos irrepetibles de altísimo valor medioambiental, cultural y social”.

Cubillos y Aldeas de Minaya. 2008.




jueves, 8 de agosto de 2013

LA COCINA MANCHEGA

En nuestro pueblo, al igual que en toda la Mancha, la casa manchega tenía un corazón. Según el libro, "Los pueblos más bellos de España", de la editorial Readers Digest, 1983,

Cocina típica manchega del museo de Hoya Gonzalo, en Albacete
La casa manchega surge en torno a las actividades agropecuarias y está condicionada por el clima seco de la Meseta, por los materiales de que dispone y, lógicamente, por las ordenanzas municipales. La parte destinada a vivienda vierte a la calle anterior o principal y a un patio interior punto central de estas construcciones. Este patio se encuentra cerrado, en la parte posterior, por un cuerpo de dependencias para almacenamiento de productos del campo, aperos de labranza y cuadra; a su vez se abre a otro patio de mayores dimensiones o corral, que dispone de entrada independiente por la calle trasera a través de un gran portalón.

Casa de Alonso Quijada de Salazar, personaje real sobre el que se inspiró Don Quijote de la Mancha.Puerta falsa, por donde la fantasía quire hacer salir a Don Quijote sobre Ronicante.


La cocina era el lugar donde se hacía vida: donde se cocinaba, se comía, se charlaba, se hablaba del tiempo en el campo, se contaban historias al orete de la lumbre, en definitiva, era el corazón de la casa. Hoy en día, la cocina se ha reducido al espacio para cocinar. En algunas casas, aún hoy se come en la cocina, pero su mudo testigo de conocedora de todo lo que pasaba en la casa lo ha cedido al moderno salón-comedor.

Normalmente, uno de los elementos que existía en cualquier cocina que se preciara era el fogón, donde se echaba la lumbre. Este fogón estaba en una esquina o rincón, y su chimenea era protagonista de toda la sala. Los inviernos crudos se hacían orilla de esa lumbre primigenia que ayudaba a sobrellevar los inviernos. Uno de los artefactos más codiciados en esa época eran los llamados calentadores, una especie de sartén que se llenaba de ascuas y servía para calentar las gélidas camas o jergones del invierno.


En esa lumbre, que se echaba todos los días siempre había un cubo de agua que se dejaba en su orilla para que nunca faltara agua caliente. El agua, por supuesto, se sacaba en muchos casos del pozo que existía en el patio, aunque había familias, quizá las más humildes, que tenían que hacer uso del pozo que existía en las dos plazas principales de nuestro pueblo, la Plaza Mayor en el barrio de abajo y la Plaza de Castilla, en el barrio de Arriba.

No existía otra forma de dar calor. Eran muy pocas las casas que contaban en ese entonces con una estufa de leña en otras habitaciones que servía como calefacción en el crudo invierno. En esa lumbre se cocinaba o se guisaba cualquier plato: no era de extrañar que en ese momento existieran elementos que han ido quedando en desuso y que sirven para adornar alguna casa moderna: trébedes, sartenes y cazos con patas, pucheros, etc...

Todos los días se echaba la lumbre; con un tocón de oliva o de carrasca y encima de ella una gavilla de sarmientos, unas cepas o unos palos de zumaque ya estaba la lumbre hecha. Y no era de extrañar que a mediodía, cuando cualquiera pasaba a la casa, un olorcillo agradable viniera de la cocina. No es menester recordar toda la cocina manchega en su extensión, pero sí podemos hablar de los guisados, los cocidos, los potajes, los caldos, las gachas, las migas ruleras, los atascaburras, etc...

En un lugar privilegiado estaba la mesa, donde todos comían. Por supuesto, todo el mundo comía en la misma fuente o sartén. Se apartaba de la lumbre, se ponía en un lugar privilegiado y toda la familia, en corro, como ahora podemos hacerlo en el campo, comían lo que hubiera. En muchos casos, el hambre hizo a nuestros antepasados preparar guisos en base a las hierbas que había en el campo: no es de extrañar guisos a base de espárragos, collejas, cardos de todo tipo, y otras más que venían de la época de escasez que se padecía a lo largo de la historia. De hecho, no es de extrañar que en muchas cocinas, cuando se entraba se viera colgadas de las vigas del techo uvas, melones, picantes, ajos, tomates, chorizos, morcillas, jamones, etc...
Antiguamente, en las vigas o en unas varas a lo largo de la cocina se colgaban frutas o carnes. http://www.deorgaz.es/articulo-quesomanchego.html

No olvidemos tampoco la despensa como parte fundamental de la cocina, donde se guardaba el ajuar de toda novia cuando se casaba: sartenes, pucheros, perolas, cestas, cazos, y también elementos como el tocino, la cesta del pan, etc...  La despensa tenía la función de guardar cacharros más grandes: la alcuza del aceite o del vino, las perolas más grandes, etc...Tampoco podemos olvidarnos de la alacena, que era una especie de armario que estaba situado en la cocina, y empotrado a cualquiera de las paredes. En ella se guardaban los utensilios propios de la cocina para cocinar como podrían ser los cucharones, los platos, los vasos, las tazas, los cazos. Quizá lo que estuviera más a mano o tuviera más uso. Según la wikipedia, la alacena 
Alacena manchega

Las alacenas comenzaron colocándose en los comedores por su proximidad a la mesa en la que se realizaban las principales comidas. Los manteles, platos y cubiertos se sacaban del mueble antes de servir la mesa y se colocaban directamente sobre la misma. A partir del siglo XVIII, pasaron a formar parte de la decoración de la cocina en donde se siguen encontrando actualmente.
También, en cualquier cocina manchega que se precie estaba la banca, donde principalmente los mayores de la casa se echaban una cabezada al terminar de comer. Ahora nuestros mayores usan las butacas o sofás del salón-comedor, pero antiguamente la banca, cubierta de mantas o almohadones hacía las veces de cama, orilla de la lumbre.

La cocina, en definitiva, era el corazón de la casa. En ella se hablaba, se reía, se contaban historias a los más pequeños, se hablaba del tiempo agrícola, de las dificultades para llegar a fin de mes, en definitiva, se vivía. Según el libro de "Tradiciones y costumbres de Casas de Benítez" de Pascual Martínez Martínez, editado por el Excmo. Ayuntamiento de Casas de Benítez, Albacete, 1996:

"La vida de nuestros abuelos discurría más lenta, su mundo quedaba reducido a su casa, al campo, al pueblo y nada más, nadie leía un periódico, ni tampoco sabía lo que pasaba fuera de su pueblo; hablaban, comentaban sobre cosas juntos al fuego"

La cocina manchega forma parte de nosotros mismos. Todos, en mayor o menor medida, procedemos de aquellos antepasados que utilizaban esta habitación de la casa para hacer "vida". En ella se han contado historias, se ha enseñado a rezar, se ha educado a los niños, se ha jugado, se ha reído, se ha llorado la pérdida de una madre o un padre, se ha cocinado, se ha comido, se ha visto dormir al abuelo. La cocina manchega es el corazón de las casas manchegas, y pensando un poco en nosotros mismos, entenderíamos que muchas de nuestras vivencias se desarrollan también en la cocina, como reminiscencia de nuestros antepasados. 








sábado, 3 de agosto de 2013

LA CÁMARA

En las antiguas casas de nuestro pueblo, el segundo piso lo ocupaba una estancia hoy olvidada -o bien utilizada de trastero-. Sin embargo, antiguamente, tenía una utilidad importante para la vida de nuestro pueblo. Utilizaremos la descripción que el ingeniero de edificación, David Cejudo, nos presenta en su blog sobre arquitectura popular manchega, para poder describir con notables pinceladas cómo era una casa al más puro estilo manchego, como las que en nuestro pueblo también existían.

Antigua bodega, fotografía de David Cejudo
A través de un portón y zaguán, normalmente empedrado, se accede al patio alrededor del cual se articulan las viviendas de los distintos vecinos. Es muy común un corredor superior soportado mediante el esquema de forjado de "vigueta y revoltón", viga carrera, capiteles y pilares de madera tintados de añil, almagre o verde. Bajo este soportal suele encontrarse el acceso a la cueva, donde se conserva la cal apagada en agua, el vino y productos para la alimentación. 
El centro del patio lo ocupa el brocal del pozo, del que hasta hace poco se podía beber agua de muy buena calidad. El suelo del patio, empedrado o de tierra apisonada, se refrescaba en verano mediante un riego somero de agua. Gracias a la sombra de la parra o higuera ese frescor del agua regada conseguía perdurar y bajar la temperatura en los torridos veranos manchegos. Los geranios, rosales, cintas y esparragueras no hacían sino sumarse al clima veraniego del patio manchego, que recién encalado para la entrada del verano, presentaba su mejor cara.
Con la llegada del otoño el árbol de porte perdía su hoja dejando pasar los rayos de sol tan agradecidos durante el tiempo otoñal e invernal.

Según Pascual Martínez Martínez, en su libro "Tradiciones y costumbres de Casas de Benítez (Cuenca)", Excmo. Ayuntamiento de Casas de Benítez, Albacete, 1996, 

Antigua ventana de una cámara. 
Estos cereales se ponían en los "atrojes"  (trojes) que eran unos compartimentos separados por tabiques de adobe de unos 80 cm. a un metro de altura (...)
Era una dependencia que normalmente no tenía luz eléctrica en la mayoría de las casas, y si surgía la necesidad de subir a la cámara de noche se hacía con un farol de aceite. Todas las cámaras con el paso del tiempo se convertían en el bául de los recuerdos de la familia que habitaba la casa, pues allí, durante muchos años, se han guardado tantas cosas inservibles, que no tenían utilidad ya en la vida y que lo único que justificaba su permanencia en la cámara era el recuerdo familiar de sus padres o abuelos. 
Si saltamos a nuestros abuelos o anteriormente, veremos que la cámara tenía un gran uso. Debemos situarnos antes de 1950, y nos encontraremos con un pueblo en el que prácticamente toda su población se dedicaba a la agricultura. Todo giraba entorno a los campos de labor, a las huertas, a las eras, y también a la cámara, como forma de guardar los frutos o semillas que con tanto sudor se recogía en el campo. Así, por ejemplo, lo vemos reflejado en Pozo Cañada, de la provincia de Albacete, en el que podemos ver cómo se describe completamente el uso de la cámara:

La segunda planta de la casa estaba destinada a la cámara. En la cámara, se solían tener frutas y otros alimentos para su conservación: uvas, melones, ajos, los jamones, colgados a secar. Tambien en la cámara se guardaba la paja con la que luego se alimentaban las caballerias y en otra zona de la cámara estaban los cuartos de grano, que servian para almacenar el trigo, la cebada, el centeno, y demás granos, hasta su venta.

Construcción de tapial de antigua bodega, en la calle Mayor.
Normalmente, las casas antiguas se construían con tapial y también con un sistema, llamado de cerchas, que se utilizaba en una armadura a dos aguas, revestido de cañas, que nos pueden dar idea viendo todas las casas antiguas de nuestro pueblo, construidas con ese tipo de técnica.

a. Si se utilizaba este sistema de construcción, y se utilizaban las cámaras no era por otra cosa que preservar a los cereales que allí se guardaban de la humedad, tan dañina para el fruto seco.

Siguiendo a María Luisa Vallejo, en su libro "Costumbres Populares Conquenses". Excma. Diputación de Cuenca, 1978 (con motivo del VIII Centenario de la Reconquista) en las páginas 390-391, comenta:

Construcción en cercha.
Después, cuando empezó a usarse el cemento, ya para evitar la penosa tarea de subir el trigo, cebada, avena, escaña, etc., a la cámara, con escaleras algunas veces poco cómodas, se instalaron los graneros en la parte baja, bien acondicionada, revistiendo pavimento y paredes de "rasilla" y una capa de cementro, para evitar la germinación por la humedad.
Los graneros que quedan actualmente son casi todos de esta clase. Porque hay algunos agricultores que prefieren llevar a los silos su cosecha, una vez recién cogida, en los meses de abril a julio
También hubo agricultores que hicieron un silo en estos nuevos graneros, al estilo de pozos en los que guardaban todo tipo de grano y de legumbres, en los que se buscaba preservar al grano de la humedad.

Sin embargo, en el momento en que nos ocupa, la cámara tenía un uso de almacenamiento que ha perdido en la actualidad. Ahora se utiliza para guardar muebles, ropa vieja, trastos de todo tipo, que antiguamente, quizá por la falta de medios se guardaba en las habitaciones en baúles.

Antiguamente se colgaban de estas cerchas los melones, uvas pasas, chorizos, morcillas, etc... usándose como secadero. En la cámara también se solía tener el palomar, que surtía de carne de paloma a toda la familia. Normalmente las escaleras a la cámara solían salir de la cocina -o cocinilla-, aunque también las hay que surgían del patio que daba estructura a la casa popular manchega.

Todos, en mayor o menor medida, habremos visto dichas cámaras y también habremos tenido alguna historia en dicha dependencia, muy importante otrora por servir de almacenamiento en un mundo en el que la agricultura constituía la columna vertebral de la vida en nuestro pueblo. 

Palomar de una cámara